El Penalti soñado

Publicado: 25 enero, 2011 en Curiosidades

Juan Antonio Felpa tenía un sueño, en dicho sueño se veía siempre en el último minuto y con penalti en contra.
Ese sueño se repetía constantemente y con igual insistencia, él se lanzaba siempre a su derecha para atajarlo; en el sueño, el marcador a veces reflejaba un 0-0 y evitaba la derrota de su equipo, otras, su equipo vencía por 1-0 y con su parada lograba la victoria.
Esta última versión le gustaba menos porque tenía que repartir la gloria con el compañero que había marcado el gol.

El 16 de septiembre de 1964, amaneció con un gran tiempo primaveral, y eso le hizo recordar con más tristeza
la enfermedad de su padre, que ingresado en el Hospital de San Luis, se perdería el clásico por primera vez.
Felpa, obrero de Fábricas Unidas y portero del Sportivo Atlético Club, se había levantado aquel día con un
enorme cosquilleo en el estómago.
Su equipo, el Sportivo, a falta de 5 jornadas para terminar la liga, estaba empatado a puntos con el rival,
el Argentino de Las Parejas, y además del título, se jugaban todo el honor y la vergüenza en el pueblo.
En su cabeza, de forma continuada, se repetía la misma jugada una y otra vez, y repetidamente él se tiraba
a su derecha para atajarlo siempre.

Felpa, se fijó entonces en una gran foto que colgaba en su pared, el protagonista era Amadeo Carrizo, (ver foto)
el gran guardameta de River Plate, al que tanto idolatraba.
Aunque nunca le había visto jugar, le consideraba su maestro “Grande maestro” se decía, tal era su fascinación por el arquero, que hasta se había hecho de una gorra a cuadros igual que la de su ídolo para poder imitarle, y claro,
él se sentía el Carrizo del pueblo.

Durante toda la semana, no se hablaba en el pueblo de otra cosa que no fuera el derby, hasta tal punto
que incluso el patrón de su fábrica, se acercó para decirle: “Juan, el Domingo tienes que portarte eh”.
Fue al Hospital a visitar a su padre, que ya se encontraba mejor, pero muy dolido por perderse el clásico.
Don Jesús Eladio Felpa, tendría que conformarse con interpretar los gritos que le llegaran por la ventana,
ya que entre la cancha y el Hospital apenas había unos 200 metros, y tras 35 años viendo jugar al Sportivo,
sabría distinguir las jugadas de peligro entre uno y otro equipo; su pobre mujer tendría que soportar en silencio,
la narración aproximada del partido.

Ya en la sede del club, se encontró con más gente que nunca, todos se acercaban para decir algún comentario,
o darles alguna indicación antes del partido. Actitud normal entre el gentío.
En el estadio, dos bandos de colores, la mitad roja-verde del Sportivo, contra la otra mitad celeste del Argentinos.

El griterío de la gente y la emotividad de lo que estaba en juego dignificó en parte el fútbol pobre que se jugó en
la primera mitad. Los dos equipos trataban de aprovechar el descuido del adversario, pero, eso sí, sin descuidarse.
Se tenían miedo y estaban tensos, y eso, da como resultado un partido trabado e impreciso.

Acertó don Jesús Eladio, en el sanatorio, cuando le resumió el primer tiempo a su mujer:
“Partido malo, vieja, ni ocasiones de gol crearon”.

La segunda parte fue algo más abierta aunque sin grandes ocasiones de gol, pero de un derby nadie sale
antes del pitido final; otra vez acertó Don Jesús, que faltando unos 15 minutos le dijo a su mujer:
“todavía puede pasar cualquier cosa”.

Felpa, que hasta entonces no había tenido grandes intervenciones, se lo tomaba con relativa tranquilidad,
hasta que faltando 4 minutos para el final, “El Gringo” Santoni, despejó sin necesidad a córner.
El córner, al corazón del área fue rematado por “El Oso” Antuña, central de Argentinos, y “El Enano” Zárate,
que con esa altura no podía marcar a nadie por arriba y que en los córners era el encargado de cuidar el primer palo, supo instintivamente que con la cabeza jamás podría llegar a esa pelota, y la despejó de un manotazo.
¡Penalti!

La mitad celeste del campo, se puso de fiesta y los gritos de júbilo alertaron a Don Jesús, que desde el Hospital
supo acertar con lo que pasaba. “Penalti justo” dijo.

El sol, del otro lado de la cancha, había caído detrás de los cipreses, y Felpa, parado en el centro de la línea de meta, se quitó la gorra y la tiró adentro de la portería. Sintió un frescor agradable en la cabeza sudada y quizá por eso experimentó la fe de los héroes.

Antes de que el árbitro pitara, Felpa ya tenía tomada su decisión, y cuando el Beto Nieva golpeó la pelota,
Felpa ya volaba hacia su derecha; todavía en el aire, atajó la pelota y sintió la alegría más feliz de su vida.
Ahora era la mitad verdiroja del campo la que se había puesto de fiesta al grito de “Felpa”, “Felpa”, “Felpa”.

Lo que ocurrió en ese momento no se sabe bien, porque nadie ha podido hablar con él sobre aquello sin que se enfadara; pero aquella explosión de júbilo, le hizo cometer el error más tonto de su vida.
Con la pelota abrazada, se fue a buscar su gorra de Carrizo hacia la portería; todo el campo enmudeció y hasta el propio árbitro dudó antes de dar el gol como válido entre las risas de los celestes y los lamentos verdirojos.

Don Jesús que se había alegrado tanto de la parada de su hijo, miró a su mujer y le dijo:
“Creo, vieja, que tu hijo la cagó”

Pd: Basado en el relato de Osvaldo Soriano. Agradecimientos a Jorge Valdano.
La historia de Felpa, inspiró la película “El penalti más largo del Mundo”.

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comentarios
  1. Jasta dice:

    Fantástica historia cargada de humanidad, es de mis favoritas.

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