Héctor “El manco divino” Castro

Publicado: 4 enero, 2011 en Leyendas del Fútbol
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Héctor Castro, nació en Montevideo el 29 de Noviembre de 1904, hijo de padres Gallegos que como otras tantas familias emigraron hacia las Américas en busca de fortuna.

Héctor tenía una gran pasión, el fútbol y muy pocas ganas de estudiar, así que con apenas 10 años, su familia decidió que ya tenía edad para dejar la escuela nocturna y llevar un jornal a casa.
Por las calles de Montevideo, ya se hablaba de un pequeño talento de 13 años, que trabajaba cuando no jugaba al fútbol.
No se sabe muy bien si fue un despiste o la mala suerte, el caso es que mientras trabajaba, una sierra eléctrica le amputó su mano derecha por encima de la muñeca.
Un gran dolor sacudió de golpe al pequeño, y un pensamiento inundó su mente: “No hay futbolistas mancos”.

Durante muchas noches, mientras recordaba aquella mañana en la que fue a trabajar en vez de ir a jugar, dos penas atormentaban al chaval, una al mirar su muñón, y otra al mirar su balón; ya no podría imitar a sus ídolos del Nacional.
Pero al salir del Hospital, dolorido aún, aquel chaval era ya un hombre de 13 años con una firme convicción, ser el primer futbolista manco.

A los 16 años, debutó en primera con el Club Atlético Lito, y para sorpresa de todos los aficionados al fútbol y los que no lo eran, (si, estaban todos en lo cierto) aquel jugador era manco, pero tan bueno que antes de cumplir los 20,
le llamó el Club Nacional de Football de Uruguay (mal conocido como Nacional de Montevideo).
Con el Nacional, apenas llegó, ganó la Liga de 1924, y ese título le abrió las puertas de la Selección.
Con la elástica Charrúa, ganó las Olimpiadas de 1924 y 1928, y la Copa América de 1926, que eran los títulos más importantes de la época.

Y llegó el Mundial.
Uruguay, fue la sede del primer Campeonato del Mundo disputado en 1930, en el debut de los charrúas, ante Perú
y coincidiendo con la inauguración del estadio Centenario, Héctor Castro marcó el primer y único gol del partido.
Las dos selecciones más potentes del Mundo, Uruguay y Argentina que 2 años antes se habían disputado la medalla Olímpica, se vieron de nuevo las caras en la final.
Cuando el partido tocaba a su fin, con 3-2 en el marcador, y los albicelestes volcados por completo en busca del empate, apareció el Manco Castro, para sentenciar con el 4-2.
Sólo marcó 2 goles en el Mundial, pero que 2 goles, el primero de su equipo y el último.

Cuando se retiró en 1936, dejó tras de sí, 107 goles marcados en 101 partidos de la liga Uruguaya, ganando un total de 3 ligas, e intercalando un año jugado en Estudiantes de la Plata.
Con la Selección, un total de 30 goles en 54 partidos, volviendo a ganar la Copa América de 1935.
Fue entrenador de Nacional entre 1940 y 1943 consiguiendo las 4 ligas, volvió a los banquillos en 1952, para darle otra liga más a los decanos.
Tras un breve paso por la selección Uruguaya en 1959, falleció el 15 de Septiembre de 1960.

En la foto de los Campeones del Mundo, veréis que el jugador agachado del centro, se tapa su mano derecha.
Se la tapa, porque era manco, Divino y Manco.

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comentarios
  1. Antonio dice:

    Muy buena la historia, y es que no hay que amilanarse ante nada. Genial ejemplo el de este crack del fútbol!!!

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